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Información de Patio del Cuarto Dorado (Alhambra)

Patio del Cuarto Dorado (Alhambra)

Breve Descripción del Monumento

Toma su nombre de los grutescos del techo árabe repintado de este color en época de los Reyes Católicos. Se abre al patio por un pórtico de tres arcos con columnas que tienen bellos capiteles de orejas de tradición almorávide. En el centro del patio hay una fuente baja de mármol con gallones, y a un lado una reja da paso al camino de guardia abovedado que comunica este patio con el patio de la Reja. Descripción larga del Monumento

Este patio lo podemos ver en grabados decimonónicos convertido en viviendas con balconadas nuevas, en estado lamentable de conservación. Este aspecto lo ocasiona el abandono del siglo XVIII y de la primera parte del XIX. Interviene en esta zona Rafael Contreras en el siglo XIX, Modesto Cendoya en 1906-1907 y Don Leopoldo 1926-1930.

Frente al pórtico del Cuarto Dorado se levanta la fachada más importante del palacio: la imponente fachada de Comares. Fue erigida por Muhamed V para conmemorar la toma de Algeciras en 1369. Esta fachada era la entrada a la zona residencial privada del palacio. La puerta de la derecha servía de acceso a la zona de servicio y la de la izquierda a la estrictamente privada, como dice la inscripción a su arrocabe de madera. En la parte alta están las estancias privadas de las mujeres, cuyas ventanas estaban cerradas con celosías para guardar su intimidad.

En este patio recibía el sultán a los súbditos que lograban conseguir una audiencia especial. Estos se situaban en la sala del Cuarto Dorado, separados del sultán por la guardia que formaba un cordón de seguridad delante del pórtico. En la parte central de la fachada, entre las dos puertas, el sultán se sentaba en una jamuga bajo el gran alero que era su dosel a modo de corona, como dice la inscripción, alero que es una de las obras cumbres de la carpintería nazarí. Así quedaba preparado el efecto teatral que se perseguía ante la llegada del monarca: por encima de las cabezas de los soldados podía hablarse al sultán y hacer las peticiones oportunas. Mientras las mujeres observaban discretamente toda la ceremonia detrás de las celosías de las ventanas de los pisos superiores.

Bibliografía

• Granada en tus manos. Alhambra y Generalife. Autor: Carlos Vílchez Vílchez. Ideal – 2006.