El antes y el después de la Puerta de los Tableros


 

En muchas ocasiones, cuando paseamos por la Carrera del Darro, observamos poco antes de llegar a la iglesia de San Pedro y San Pablo, enfrente del Bañuelo, un resto de una construcción en la orilla izquierda del río. En principio se podría pensar que son los vestigios de una casa de época antigua, probablemente musulmana. También se podría pensar que podría pertenecer al estribo de un puente para cruzar el río, aunque con unas proporciones enormes.

Cuando finalmente descubres lo que realmente era es bastante impresionante, y es un claro ejemplo de lo que la arqueología aporta a nuestro conocimiento del pasado. Esa ciencia que estudia los restos materiales de otras épocas, aportando valor probatorio a las conjeturas históricas del pasado.

Aquí podéis ver una recreación de como se vería en su momento más primigenio la Puerta de los Tableros, o Puente del Cadí:

 
(Desplaza la barra vertical que hay sobre la imagen para mostrar el antes y el después)

Si observásemos con ojos de arqueólogo, los detalles nos aportarían la información necesaria. En primer lugar, la estructura es más similar a la de una torre, parecida a otras de la ciudad y pertenecientes a la muralla defensiva. Otro detalle que se observa es el arranque de un arco, con dovelas en relieve unas más profundas que otras de forma alterna.

Otros detalles pueden ser unas ranuras que debían tener alguna utilidad, junto con lo que parece una puerta tapiada en la jamba del arco. ¿Y qué finalidad tiene una puerta en la base de una torre? Pues no olvidemos el paso del agua del río Darro. Se puede deducir por tanto que la función principal de dicha estructura era la de servir de protección y a la vez para conseguir agua, un elemento básico y fundamental para cualquier población.

 

 

¿Y para qué era el agua? Si levantamos la vista, observamos imponentes las murallas y torres defensivas de la ciudad palatina, la Alhambra. La teoría más factible sería la de que se transportaba agua hacia ella desde el mismo punto que estamos analizando.

Completamos una parte del análisis que un arqueólogo podría realizar, sintetizando una teoría a partir de la observación. Si prosiguiese nuestra investigación averiguaríamos que la datación de los restos se sitúa en el siglo XI, bajo el dominio del zirí Badis. En ese momento la población principal se situaba en el Albayzín, y probablemente se estaba iniciando el poblamiento de la colina de la Sabika. Es coherente por tanto pensar que en la otra parte del río, en su margen derecha, existiese otra construcción similar.

 

 

Confirma esta teoría el hecho de que observásemos un arranque de un arco, que probablemente tuviese de luz todo el ancho del río, y finalizase en la margen derecha, justo donde nos situamos para su observación. También existen escritos datados en el siglo XVIII que confirman la existencia de dicha torre. Esta es la que se denominaba Bab al-Difaf, puerta de los Tableros o de los Adufes (Panderos), también conocida como puerta de Guadix Baja.

Enlazaría con la línea de muralla de la Alcazaba del Albayzín, que corría por San Juan de los Reyes. Dicho nexo sería una coracha para el transporte del agua a los numerosos aljibes ya construidos ya en época zirí en la zona concentraba la mayor parte de la población. Otra debía enlazar las murallas de la Alhambra con la otra torre.

Se unieron ambas torres mediante un puente, que sirvió durante mucho tiempo para enlazar la Alcazaba Qadima con la Alhambra, razón por la que conocemos estos restos como ‘Puente del Cadí‘. Muchos autores consideran esta denominación un error de localización en el mapa de la Granada árabe de Luis Seco de Lucena, pues con toda probabilidad el puente mandado construir por el Cadí del rey Badis (Ali b. Muhammad b. Tawba) se situaría junto a la iglesia de Santa Ana.

 

 

Denominado también de los tableros, que indica un método mediante el cual se conseguía almacenar el agua del río en una pequeña poza, con el teórico fin de posteriormente liberar el líquido acumulado y su fuerza pudiese arrastrar desde este punto hasta el Genil todos los restos tanto de las viviendas como de los numerosos talleres artesanales establecidos en su ribera. Los huecos y ranuras que se observan en la base de la torre y en la jamba del arco podrían servir para conectar desde el interior y manejar todo el sistema de compuertas.

Mucha información extraída con el esfuerzo de arqueólogos e historiadores. Gracias a ellos conocemos mejor cómo fuimos y cómo era esta ciudad. Les animo a proseguir con su tarea, con el deseo de que el resto aprendamos a respetar su trabajo.
 
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